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7

Sep

Arquitectura sostenible: Garantizando el futuro

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La arquitectura sostenible es tendencia. Y lo es porque el concepto de conciencia ambiental por fin ha penetrado en todos los segmentos de la sociedad. Esta forma de concebir la arquitectura pone el foco en la optimización de los recursos naturales para reducir al mínimo el impacto ambiental de la construcción de los edificios.

Apostar por una arquitectura sostenible significa utilizar materiales que minimicen la huella ambiental. También sustituir formas de fabricación que requieren mucha energía por otras más amigables con el entorno.

La reutilización y la eficiencia energética son otras de las demandas de los arquitectos sostenibles. Y además el compromiso con la habitabilidad es más firme que nunca.

Qué es la arquitectura sostenible

Cuando hablamos de arquitectura sostenible nos referimos a un proceso de construcción lo más ecológico posible. Es una arquitectura respetuosa con el medio ambiente y la sostenibilidad desde un punto de vista multifacético. Abarca desde los materiales, pasando por el diseño, hasta aspectos como la ubicación del inmueble. El propio proceso constructivo en sí también es replanteado.

Esta perspectiva también es conocida bajo el nombre de ecoarquitectura o arquitectura verde. En la base está una nueva concepción de la ciudad que se ha dado en llamar ecourbanismo.

Ecourbanismo

El equilibrio con el entorno es fundamental, por eso en la arquitectura sostenible se apuesta por una nueva forma de urbanismo. El ecourbanismo surge con el objetivo de promover la conservación ambiental y, al mismo tiempo, lograr transformar nuestras ciudades para mejorar la calidad de vida. Y no es para menos, ya que en la actualidad alrededor del 55 % de la población mundial vive en ciudades.

Nuestra presencia en el planeta conlleva, por encima de todo, dos grandes efectos perniciosos, que son:

  • El consumo de recursos naturales; y
  • La generación masiva de desperdicios contaminantes.

Para minimizar el deterioro de todos los ecosistemas que nos rodean, el primer paso es la necesidad de implementar modelos eficientes de gestión del desarrollo urbano. Se trata de desarrollar ciudades amigables con el medio natural.

Desde este punto de vista, garantizar la sostenibilidad pasa por encontrar un equilibrio entre el desarrollo urbano y la conservación ambiental. El reciclaje, el autoconsumo o la utilización responsable de recursos naturales serán algunas de las maneras de hacerlo.

En resumen, el sol, la vegetación y el espacio son las tres grandes materias primas del ecourbanismo.

Principios de la arquitectura sostenible

La arquitectura sostenible se aplica a edificios, viviendas o cualquier tipo de infraestructura presentes en nuestras ciudades. No supone un abandono de las técnicas de la arquitectura tradicional, sino una modernización y puesta al día.

Emplazamiento y diseño

La elección de la ubicación más idónea pasa por tener en cuenta el aprovechamiento de las energías verdes. Así, el acceso a la iluminación natural solar es indispensable. A su vez, el diseño debe conciliarse con las características del espacio seleccionado.

Se busca ponderar las condiciones climáticas del entorno para reducir el impacto de las construcciones. La idea que hay detrás es sacar el máximo provecho de la luz, la temperatura, el agua, e incluso de la vegetación de origen natural disponible.

Esta perspectiva se ve reflejada también en la forma de ventilar. Los edificios se diseñan de forma que se propicien corrientes opuestas de aire que se generen de forma pasiva.

No al derroche de recursos

Se apuesta por la eficiencia energética. A estas alturas es difícil decir algo nuevo sobre la eficiencia energética y lo que representa. Es una de las grandes bazas de la arquitectura sostenible. La eficiencia energética reduce consumo energético, evitando el despilfarro.

Reducir el derroche de recursos mediante el reciclaje es igualmente fundamental. En este sentido, se apuesta por fuentes de energía alternativas, como paneles fotovoltaicos y aerogeneradores.

El adecuado aislamiento térmico y frente a la humedad también es esencial en esta filosofía. Se presta especial atención a la capacidad de los materiales para revestir el interior y el exterior de los edificios. De esta manera, se reduce la necesidad del uso de refrigeración y calefacción contaminantes. Además, así se conserva la energía de manera eficiente y sin impactar más en el medio ambiente.

Materiales autóctonos y naturales

La utilización de materiales procedentes del entorno reduce la huella del carbono. La razón es que ahorra costes de transporte. La madera y la piedra natural son materiales perfectos. Ambos son renovables y reciclables, y ofrecen resistencia y solidez frente al paso del tiempo. La perdurabilidad de los materiales es una característica importantísima en las nuevas sensibilidades.

Los materiales también pueden ser reciclados, no solo reciclables. El barro, la arcilla, el corcho o el bambú se tienen mucho en cuenta. Eso sí, siempre que se pueda garantizar una extracción respetuosa del material en su lugar de origen.

Asimismo, se incorpora al proceso la gestión sostenible de los residuos provenientes de la propia construcción. La arquitectura sostenible emplea la regla de las tres erres: el reciclaje, la reutilización y la reducción del consumo de ciertos materiales o recursos.

Habitabilidad y accesibilidad

La arquitectura sostenible no está reñida con el concepto de habitabilidad. Más bien al contrario, promueve la búsqueda de confort, salubridad y protección frente al ruido. El objetivo es satisfacer nuestras necesidades sintiéndonos confortables. Mejorar la calidad de vida y el bienestar, en definitiva.

Este aspecto también se ve reflejado en la accesibilidad. La arquitectura sostenible cree más que nunca en la necesidad de adaptar los edificios a las discapacidades de determinados colectivos.

Arquitectura sostenible: Beneficio a largo plazo

Este modelo de arquitectura tiene que ver con el impacto en el medio ambiente y en nosotros mismos. Pero creemos que no está de más señalar también que:

  • Los costes de mantenimiento disminuyen a largo plazo. Es cierto que si adoptas una visión cortoplacista, la inversión inicial puede parecer costosa. Pero a la larga, aspectos como el autoconsumo energético supondrán una reducción de costes en mantenimiento y recursos.

Esto se consigue recurriendo a elementos como los conocidos paneles solares, pero también con:

  • Captadores de lluvia. Son dispositivos acumulan el agua de la lluvia y la reutilizan para regar el jardín o en el inodoro; o
  • Inodoros secos. No emplean la habitual cisterna de agua, malgastando varios litros en cada descarga. Recurren a serrín u otro tipo de materia orgánica seca. Así, la arquitectura sostenible considera los edificios como un organismo vivo que consume recursos y produce desechos. Y estos también se aprovechan.

En conclusión, la arquitectura sostenible es la que satisface las necesidades del presente pero garantizando que las futuras generaciones podrán también satisfacer las suyas.

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